El don Juan zorrillesco es un personaje pecador. Sin embargo, sus
pecados habituales no son pecados contra el Espíritu Santo, sino
pecados terrenales, motivados por su carácter bravucón, su
engreimiento y su honor personal . De esta forma, don Juan es una
antítesis notoria de la sociedad religiosa de la época. Zorrilla
nos lo muestra en la obra como una persona rodeada de un aura
satánica. Incluso su padre, que presencia de primera mano la apuesta
que ha efectuado don Juan con don Luis Mejías, afirma el carácter
diabólico de su hijo llegando a negar su paternidad y otorgándosela
al diablo:
DIEGO. No, los hijos como tú
son hijos de Satanás.
También doña Inés cree que su amor hacia don Juan se debe a una
fuerza mayor y maligna como la del demonio:
INÉS. Tal vez poseéis, don Juan,
un misterioso amuleto,
que a vos me atrae en secreto
como irresistible imán.
Tal vez Satán puso en vos
su vista fascinadora.
Son múltiples las referencias al carácter diabólico de don Juan
que se dan en la pieza. Sin embargo, todo cambia cuando el
protagonista de la obra muestra verdaderos sentimientos hacia doña
Inés. Cuando rapta a la novicia, éste le declara su amor sincero,
aceptado por ella, pero llegan a su aposento don Luis y
don Gonzalo reclamando honor. El padre de doña Inés falta el respeto a don Juan, y
ante lo que en cualquier otro lance hubiera sido motivo de lucha
inmediata, don Juan esta vez suplica a su contrincante que cambie el
lenguaje, porque ahora es otra persona, debido al amor que profesa
por doña Inés: <<Su amor me torna en otro hombre, /
regenerando mi ser, / y ella puede hacer un ángel / de quien un
demonio fue>>. Como vemos, ya el espíritu de don Juan ha
sufrido una primera transformación por amor, de nuevo haciéndose
referencia a su carácter satánico. Sin embargo, don Gonzalo sigue
en su empeño y finalmente don Juan lo mata, teniendo que huir de
España.
Nos lleva Zorrilla a la segunda parte de la obra. En ésta, don Juan
visita un panteón que su propio padre ha construido para honrar a
las víctimas que han muerto de su mano. Antes de que suceda el
desenlace final de la pieza, don Juan habla con el escultor del
panteón de sí mismo en tercera persona, pues cuando aparece en escena lo hace
como persona desconocida. En esta conversación, don Juan muestra
signos de duda en su fe hacia Dios, debido a los acontecimientos del
pasado en los que pedía clemencia al cielo para no matar a don Luis
ni a don Gonzalo y no le fue concedida: <<Podéis estar convencido / de que Dios no le ha
querido>>. Lo que sucede a continuación es lo siguiente:
la sombra de doña Inés se le aparece y le da motivos de salvación
si obra bien y deja a un lado su espíritu satánico, llegan el
Capitán Centellas y Avellaneda, que se sorprenden de la actitud de
don Juan. Éste, a su vez, invita a la estatua de don Gonzalo a que
vaya a cenar a su casa junto a los otros dos acompañantes, la
estatua se aparece y también le da la posibilidad de salvarse (Dios
en su santa clemencia / te concede todavía / don Juan, hasta el
nuevo día / para ordenar tu conciencia). Don Juan cuenta a sus
dos acompañantes de carne y hueso, el Capitán y Avellaneda, lo
ocurrido, y éstos creen ser víctimas de una broma. Heridos todos en
su orgullo, se produce una lucha que mata a don Juan. Después de
esto, don Juan vuelve ya como sombra al panteón, donde la estatua de
don Gonzalo le persevera en la posibilidad de su salvación si tiene
fe en Dios: <<Don Juan / un punto de contrición / da a un
alma salvación / y en ese punto aún te la dan>>. Don Juan
no cree en lo que le dicen, pero cuando ve que realmente la estatua
de don Gonzalo lo coge de la mano y lo va a llevar al infierno,
exclama:
DON JUAN. Suelta, suéltame esa mano,
que aún queda el último grano
en el reloj de mi vida.
Suéltala, que si es verdad
que un punto de contrición
da a un alma salvación
de toda una eternidad,
yo, Santo Dios, creo en Ti:
si es mi maldad inaudita,
tu piedad es infinita...
¡Señor, ten piedad de mí!
La evolución del personaje de don Juan en la obra pasa de un aura
satánica basada en sus actos vandálicos y bravucones, al cambio de
pensamiento por el amor a doña Inés, como ella misma afirma (los
justos comprenderán / que el amor salvó a don Juan / a los pies de
la sepultura). Este amor, y la presencia cercana de la muerte, lo
hacen arrepentirse de sus pecados y a creer en la piedad infinita de
Dios. Ese es el mensaje que Zorrilla nos pretende enviar con su obra:
Dios es infinitamente misericordioso y puede perdonarnos a todos,
incluso a personajes satánicos como Don Juan:
Mas es justo: quede aquí
al universo notorio
que, pues me abre el purgatorio
un punto de penitencia,
es el Dios de la clemencia,
el Dios de don Juan Tenorio.

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