miércoles, 4 de mayo de 2016

La salvación por amor

 El don Juan zorrillesco es un personaje pecador. Sin embargo, sus pecados habituales no son pecados contra el Espíritu Santo, sino pecados terrenales, motivados por su carácter bravucón, su engreimiento y su honor personal . De esta forma, don Juan es una antítesis notoria de la sociedad religiosa de la época. Zorrilla nos lo muestra en la obra como una persona rodeada de un aura satánica. Incluso su padre, que presencia de primera mano la apuesta que ha efectuado don Juan con don Luis Mejías, afirma el carácter diabólico de su hijo llegando a negar su paternidad y otorgándosela al diablo:

   DIEGO. No, los hijos como tú
                  son hijos de Satanás.

También doña Inés cree que su amor hacia don Juan se debe a una fuerza mayor y maligna como la del demonio:

       INÉS. Tal vez poseéis, don Juan,
un misterioso amuleto,
que a vos me atrae en secreto
como irresistible imán.
Tal vez Satán puso en vos
su vista fascinadora.

Son múltiples las referencias al carácter diabólico de don Juan que se dan en la pieza. Sin embargo, todo cambia cuando el protagonista de la obra muestra verdaderos sentimientos hacia doña Inés. Cuando rapta a la novicia, éste le declara su amor sincero, aceptado por ella, pero llegan a su aposento don Luis y don Gonzalo reclamando honor. El padre de doña Inés falta el respeto a don Juan, y ante lo que en cualquier otro lance hubiera sido motivo de lucha inmediata, don Juan esta vez suplica a su contrincante que cambie el lenguaje, porque ahora es otra persona, debido al amor que profesa por doña Inés: <<Su amor me torna en otro hombre, / regenerando mi ser, / y ella puede hacer un ángel / de quien un demonio fue>>. Como vemos, ya el espíritu de don Juan ha sufrido una primera transformación por amor, de nuevo haciéndose referencia a su carácter satánico. Sin embargo, don Gonzalo sigue en su empeño y finalmente don Juan lo mata, teniendo que huir de España.
Nos lleva Zorrilla a la segunda parte de la obra. En ésta, don Juan visita un panteón que su propio padre ha construido para honrar a las víctimas que han muerto de su mano. Antes de que suceda el desenlace final de la pieza, don Juan habla con el escultor del panteón de sí mismo en tercera persona, pues cuando aparece en escena lo hace como persona desconocida. En esta conversación, don Juan muestra signos de duda en su fe hacia Dios, debido a los acontecimientos del pasado en los que pedía clemencia al cielo para no matar a don Luis ni a don Gonzalo y no le fue concedida: <<Podéis estar convencido / de que Dios no le ha querido>>. Lo que sucede a continuación es lo siguiente: la sombra de doña Inés se le aparece y le da motivos de salvación si obra bien y deja a un lado su espíritu satánico, llegan el Capitán Centellas y Avellaneda, que se sorprenden de la actitud de don Juan. Éste, a su vez, invita a la estatua de don Gonzalo a que vaya a cenar a su casa junto a los otros dos acompañantes, la estatua se aparece y también le da la posibilidad de salvarse (Dios en su santa clemencia / te concede todavía / don Juan, hasta el nuevo día / para ordenar tu conciencia). Don Juan cuenta a sus dos acompañantes de carne y hueso, el Capitán y Avellaneda, lo ocurrido, y éstos creen ser víctimas de una broma. Heridos todos en su orgullo, se produce una lucha que mata a don Juan. Después de esto, don Juan vuelve ya como sombra al panteón, donde la estatua de don Gonzalo le persevera en la posibilidad de su salvación si tiene fe en Dios: <<Don Juan / un punto de contrición / da a un alma salvación / y en ese punto aún te la dan>>. Don Juan no cree en lo que le dicen, pero cuando ve que realmente la estatua de don Gonzalo lo coge de la mano y lo va a llevar al infierno, exclama:

     DON JUAN.   Suelta, suéltame esa mano,
que aún queda el último grano
en el reloj de mi vida.
Suéltala, que si es verdad
que un punto de contrición
da a un alma salvación
de toda una eternidad,
yo, Santo Dios, creo en Ti:
si es mi maldad inaudita,
tu piedad es infinita...
¡Señor, ten piedad de mí!

La evolución del personaje de don Juan en la obra pasa de un aura satánica basada en sus actos vandálicos y bravucones, al cambio de pensamiento por el amor a doña Inés, como ella misma afirma (los justos comprenderán / que el amor salvó a don Juan / a los pies de la sepultura). Este amor, y la presencia cercana de la muerte, lo hacen arrepentirse de sus pecados y a creer en la piedad infinita de Dios. Ese es el mensaje que Zorrilla nos pretende enviar con su obra: Dios es infinitamente misericordioso y puede perdonarnos a todos, incluso a personajes satánicos como Don Juan:

Mas es justo: quede aquí
al universo notorio
que, pues me abre el purgatorio
un punto de penitencia,
es el Dios de la clemencia,
el Dios de don Juan Tenorio.


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